Llegó el momento de inventariar lo que nos deja el 2010 en el terreno musical. Ha sido un año muy prolífico, lleno de grandes discos, pero no todos pueden entrar en esta lista. Antes de que esto parezca una semifinal de Miss España, vamos al lío. Como me gusta darle emoción a la cosa, empezaré por los puestos más bajos.

20. /\/\/\Y/\ – M.I.A.

19. Plastic Beach – Gorillaz

18. Night Work – Scissor Sisters

17. One Life Stand – Hot Chip

16. LP2 – Los Punsetes

15. Heartland – Owen Pallett

14. Volume Two – She & Him

13. This is happening – LCD Soundsystem

12. Contra – Vampire Weekend

11. Lo nuevo – Astrud i Col·lectiu Brossa

Leer el resto de esta entrada »

Me resisto a empezar esta entrada con aquello de “nunca quise escribir esto, pero…”, aunque refleja bien mi estado de ánimo respecto a Museo Coconut, lo ultimo de los chanantes. Como ya comenté, acogía con enormes reservas el hecho de que estos muchachos dejaran de hacer sketches, que es lo (¿único?) que saben hacer. Aún así, esperaba que el trasvase de formato no acabara mal. Tristemente, no me equivocaba.

Museo Coconut es mala. Decir otra cosa es mentir. Ese humor surrealista y absurdo al que acostumbran, no es que no funcione necesariamente en un modelo sitcom, es que ha ido perdiendo calidad con el tiempo. Cada vez buscan salidas más fáciles (cuando los dobles negros empiezan a bailar me dieron ganas de llorar). Además, puede que el humor de esta gente se base en la repetición, pero eso no les legitima a hacer los mismos chistes indefinidamente (“te huele la boca como a un perrete chico”). La prima vez tuvieron gracia. La segunda también, y la tercera. Pero ya no.


El pésimo guión no es lo único que falla en Museo Coconut. Personalmente, me descoloca que todos los personajes vayan tan toscamente caracterizados. El pelucón y el travestismo (aunque Miss Coconut es quizá lo mejor de la serie) estaban bien en Muchachada Nui, como están bien en cualquier programa similar, pero en una sitcom no terminan de encajar. Visualmente, Museo Coconut es un sketch de 25 minutos, lo cual precipita la comparación con La Hora Chanante y Muchachada. Y claro, Museo Coconut sale perdiendo.

Con todo, el aspecto más polémico son las risas, enlatadas o naturales, que salpican con insistencia la serie. Al estar grabada en directo, probablemente sean todas reales, pero es cierto que se cansan y a veces resulta patético tanta risotada en algún chiste tan malo (¿aunque quién no se reiría teniendo a Carlos Areces a unos metros?). Y en cuanto a los personajes, todo es reciclaje. En algunos casos más directo (¿que pinta Onofre de Smonka ahí?), pero todos han aparecido en Muchachada antes, algunos incluso con una caracterización muy parecida (el director del Museo es Philip Max).

No obstante, la audiencia de Museo Coconut fue muy buena. ¿Lo será la semana que viene? Me atrevo a decir que no. A los fans nos la cuelan una vez, pero no más.

Jim Morrison se suicidó el tres de julio de 1971. Kurt Cobain hizo lo propio el cinco de abril de 1994. Elvis Presley, quizás, el 16 de agosto de 1977. Ian Curtis, líder de Joy Division, el 18 de mayo de 1980, a los 23 años. Es innegable la atracción que nos suscitan estas figuras, que colaboraron en la creación de un estereotipo que en nuestros días no encontramos sino descafeinado: la del rockero joven y brillante que se mete todo lo que pilla por delante y acaba encontrando la muerte, por su propia mano, tras una espiral de fama, éxito, drogas, decadencia y desorden.

La fascinación que sentimos hacia estos personajes es un buen ancla para ver Last days (Gus van Sant, 2005), inspirada en los últimos días del cantante de Nirvana,  o esta Control, biopic que retrata la vida de Ian Curtis desde su entrada en Warsaw, génesis de Joy Division, hasta su muerte. Con un protagonista de semejante calaña, Anton Corbjin lo hubiera tenido fácil para convertir la película en un enorme videoclip de dos horas con abundantes escenas de sexo, drogas y rock&roll.

Afortunadamente no es el caso. Control es, sobre todo, un esbozo intimista de la mente de un muchacho perturbado, que hace todo demasiado rápido y al que las cosas nunca acaban de salirle bien. Su matrimonio es un fracaso, cree a su hija condenada a odiarle, el éxito de la banda le ahoga en un mundo insalubre y unos fuertes ataques epilépticos ponen la puntilla a una vida oscura y llena de sufrimiento. ¿Cómo no retratar todo esto sin caer en la salida fácil, sin traicionar al personaje, motor inmóvil de su propia desdicha?

Pues como lo hace Control, apostando por la elegancia. Una elegancia de fondo que salpica la forma, de un exquisito blanco y negro, donde la luz nos guía en un mundo con demasiadas sombras. La implosión de Curtis es reflejada en inmóviles planos del cantante con el rostro desencajado. Nada de hacer evidentes sus tenebrosas adicciones y comportamientos: un párpado medio caído nos habla más de la penitencia del personaje que escenas demasiado explícitas.

Claro que esta apuesta por la sobriedad discursiva no es factible sin la actuación contenida pero profunda de Sam Riley, que se enfunda en la piel de Curtis con tal habilidad y con tan asombroso parecido que tras ver Control, los rostros de actor y cantante tienden a confundirse en la mente del espectador. Aunque tal contingencia expresiva puede confundirnos a la hora de saber qué pasa por la cabeza del atormentado Curtis. Pero es un efecto a todas luces buscado, si atendemos a las historias de amor con su mujer y con su amante. Estamos tan confundidos sobre la dueña de su corazón como probablemente lo estaría el joven cantante.

Y al final, de un modo o de otro, como profetizó Ian Curtis en la más famosa de sus letras, el amor nos destrozará otra vez.

Después de mucho tiempo sin actualizar (exámenes, búsqueda de piso, etc.), y antes de lo que preveo como bastante tiempo sin hacerlo (brecha tecnológica manchega), hago una entrada conmemorativa para despedir el curso 09/10.

Para culminar el año académico, he elaborado una lista de 30 canciones que, de maneras diversas, me han acompañado este tiempo. Algunas han sido imprescindibles en las Maryhouse’s parties; otras me han ayudado en momentos de bajona, e incluso hay una (la última) que interpretamos con un éxito abrumador en el karaoke de la avenida de Aragón.

Espero que disfrutéis de este conjunto de canciones como lo he hecho yo este año. ¿Dónde está la lista, la lista? Está aquí.

Bye, bye, y hasta otro ratito ¿eh?

El pasado mes de marzo apareció el segundo largo de los murcianos Klaus & Kinski, bajo el gran título de Tierra, trágalos. Siguiendo con las audiocríticas que iniciamos con lo nuevo de MGMT, aquí tenéis la opinión sobre este nuevo disco. Las canciones que suenan son ‘Brilla como una estrella’, ‘Eres un sinvergüenza’ y ‘Mamá, no quiero ir al colegio’, las tres incluidas en Tierra, trágalos. Podéis ver la crítica que hicieron en JNSP aquí.


Alerta spoiler. Parece improbable, pero si a estas alturas alguien todavía no ha visto el final de LOST, que se abstenga de leer esta review. Con esta entrada, además, doy por finalizado el especial dedicado a la serie, ¡podéis respirar tranquilos!

Recuerdo que empecé a ver LOST doblada. Debí ver al menos los primeros diez capítulos en su versión castellana. Y había algo que me decía que no estaba disfrutando de la serie al máximo. No hice pereza, y volví a empezar esta ficción, pero en versión original. “Ahora sí”, pensé; había empezado a gozar de la serie de verdad. En el caso de una serie tan exitosa como LOST, es muy fácil que los elementos externos te arruinen su visionado: fans demasiado exigentes, los activistas anti-lost metiéndose contigo, el cansancio de oír hablar de ella a todas horas, etc. Con el capítulo final había de pasar lo mismo. La situación no era ni mucho menos la propicia para darle el estoque a la serie de forma decente: era muy temprano, los subtítulos eran a veces asincrónicos y, sobre todo, nos perdimos seis minutos fundamentales de ‘The end’. No es de extrañar, por tanto, que las circunstancias se impusieran y volcáramos nuestra frustración con los guionistas y productores de LOST.


Era necesario sin lugar a dudas un segundo visionado. Con subtítulos decentes, sin corte alguno (y, en mi caso, de noche y a solas): desnudando el episodio para que nos ofreciera su final sin que ningún agente externo pudiera arruinarlo. Y, visto en condiciones, el final de LOST es bueno. Después de una afirmación tan categórica, tengo que explicarme. A estas alturas, con la mayor trama de misterio que la televisión reciente recuerde, cualquier final para la serie hubiera despertado las más enconadas pasiones entre sus seguidores. Los guionistas han optado por un fin bastante místico, casi religioso. Era un recurso bastante fácil, pero ha resultado bastante efectivo. La reunión de las ‘almas en pena’ en la iglesia nos ha permitido disfrutar de unas escenas muy bonitas: el reencuentro de todos los losties, cómo no, a cámara lenta y nos Giacchino empeñado en hacernos llorar. “La parte más importante de tu vida fue la que pasaste con estas personas”, le dice Christian a Jack. No nos cabe la menos duda, la isla lo ha sido todo para Jack y los demás. A mí, la idea de que ‘construyan un lugar’ para volver a encontrarse más allá de la muerte me parece preciosa. Un poco sentimentaloide, pero preciosa. Ése es el final, pero durante toda la sexta temporada, la realidad alternativa (ahora sabemos que es una especie de limbo), me ha proporcionado los mejores momentos: los encuentros entre los supervivientes del Oceanic 815 y ese contacto físico que les provocaba los ‘recuerdos’ de su existencia real en la isla. ¿Cómo no emocionarse con el reencuentro de Jin y Sun a través de la ecografía? ¿O el de Sayid y Shannon en el callejón? Pero por encima de todos, ¿cómo no morir de amor con el regreso de esa gran pareja que formaron Sawyer y Juliet? Pero no todo ha sido romanticismo en ‘The end’. Ha habido mucha acción, porque LOST es en buena medida la narración de un enfrentamiento, de una enemistad intemporal. Los dos grandes valores universales, el bien y el mal, encarnados en Jack y Locke, han combatido hasta la muerte en este último capítulo. La última pelea, en el acantilado de las escaleras, ha sido mítica. En igualdad de condiciones (después de que Desmond quitara la piedra del sumidero mágico, Locke ya no era invencible), la distribución de fuerzas era muy equitativa. Y ha tenido que ser un elemento externo, Kate, quien acabara con Locke de un disparo certero, sentenciando la hazaña con un “Había guardado una bala para ti”. Este escena me ha recordado a Éowyn acabando con el Rey Brujo en El señor de los anillos: un personaje femenino que acaba con el mal encarnado que parecía indestructible. Una nueva revisión de David contra Goliat, pero en clave de mujer. Uno de los grandes momentos de la serie, si no el más importante, ha sido el relevo que Hugo ha tomado de Jack como guardián de la isla. Hurley siempre ha sido la representación del fan de LOST dentro de la serie, se ha encargado de hacer las preguntas que nosotros haríamos y ha servido en muchos momentos para descargar la enorme tensión dramática de la serie. Con esta sucesión de poder, los guionistas nos mandan un mensaje claro: el legado de LOST es para vosotros, fans, la isla es a partir de ahora vuestra. Sabíamos que Hurley acabaría teniendo su importancia en la trama (¿cuántos rumores hemos oído respecto a que toda la serie era un sueño o una alucinación de Hugo?), y así ha sido. Con Ben como número dos, será el encargado de proteger la isla, en un epílogo de un cuarto de hora que veremos en la edición en DVD de la sexta temporada. Digno de mencionar es el gran recital interpretativo que ofreció Jorge García en el momento en que Hurley sucede a Jack, lo que me lleva a repetir lo desaprovechado que ha estado durante toda la serie este enorme actor (sí, broma fácil). Y al final, no sabemos qué es la isla, por qué posee sus extrañas cualidades ni qué poderes tenía exactamente Jacob. PEro, ¿qué importa? LOST se ha limitado a contarnos una historia que sucede en un mundo que no es el nuestro, pero no tiene la obligación de diseccionar ese mundo para que nosotros podemos entenderlo desde éste. Volviendo con las referencias tolkianas, el como si nos sintiéramos defraudados porque en El señor de los anillos no se nos cuenta el origen de la Tierra Media, se nos analizan todos sus habitantes, se nos da una explicación racional para la magia de Galdalf, etc. JRR Tolkien describió la génesis de su obra en el Silmarilion, y parece que los creadores de LOST van a dar muchos detalles en los extras de los DVD de la sexta temporada. Pero en la misma serie, nadie puede exigirles que den respuestas. Está claro que todos queremos una respuesta clara a lo que vio Locke en aquel capítulo de la primera temporada cuando dijo que “había visto el corazón de la isla”, pero no es nada que no podamos imaginar (¿la luz, no?). Como esto, no hay ningún misterio fundamental de LOST que no podamos aventurar si entramos en la lógica de la serie. Y, al fin y al cabo, ¿no ha sido la elucubración lo más divertido de esta serie? Un efecto que mataría una serie de respuestas enciclopédicas a los misterios de LOST. Afortunadamente, CuseLindelof no se han dejado llevar por la histeria de un sector de seguidores y nos han dado su final, nos guste más o menos. Y con la última escena, no puede más que sentirme agradecido por una serie con la que he pasado tan buenos ratos. No me cabe duda de que lo más importante era el camino, pero este final místico ha culminado una serie que, aunque de forma básica, se ha convertido en todo un tratado sobre el mundo tras los traumas del cambio de siglo. Por ello, LOST ocupará un lugar destacado en la historia de la TV del siglo XXI, y un rincón muy especial en la memoria de todos lo que la hemos visto.

See you in another life, brother.

El especial sobre LOST en Esnórquel etc. está a punto de acabar. Pero antes de despedirnos de la serie que ha marcado un antes y un después a la hora de ver la televisión, queremos dedicar la sección Versionando lo presente al tema central de la serie. El compositor Michael Giacchino es el autor de algunas de las bandas sonoras más exitosas de los últimos años. En la última edición, ganó el premio Oscar a la mejor banda sonora por UP! (además del Globo de oro) , y el Grammy a mejor canción por Married life (no nos extraña).

En LOST, Giacchino ha sabido crear ambientes muy distintos gracias a sus composiciones. Todos los fans de la serie tenemos grabados los momentos de tensión, o de acción, en los que la música jugaba un papel fundamental. Pero hay una pieza que recordaremos por encima de todas las demás. Se trata de la que suena en lso momentos más tristes. Se llama “Live and death”, y a quien haya visto la serie, le traerá muchos recuerdos desde el primer segundo:


Pues bien. Hay un usuario de Youtube, llamado Goldentusk, que se dedica a hacer homenajes/versiones/parodias de temas conocidos del cine y la televisión. Desde Indiana Jones a Superman. Y este tema de LOST también le ha servido de inspiración para uno de sus divertidos vídeos. No tiene subtítulos, pero es muy fácil de entender. Lo mejor son los disfraces que utiliza para caracterizarse de distintos personajes de LOST, como Jack o Desmond:

La ABC emitió tras el final de LOST un especial de Jimmy Kimmel llamado Aloha to LOST, en el que ofrecieron en exclusiva los finales alternativos (y paródicos) de la serie:

Es muy difícil decantarse por uno. Ya sé que es una frase hecha, pero durante las seis temporadas de LOST, que culminan en unas horas, se les coge cariño a muchos personajes. El primero que me conquistó fue Boone, por razones evidentes, pero murió en seguida. Sawyer también ha estado ahí-ahí en algún momento dado, y en la dialéctica Jack-Locke siempre me decanté por el segundo, aunque a Jack he acabando amándolo. En fin, como veis las filias son múltiples y variadas.

Pero como me he propuesto decidirme por uno, he de quedarme con mi querido Benjamin Linus. Ben llegó en la segunda temporada sin que supiéramos de dónde, y en las siguientes ha sido uno de los ejes fundamentales de la trama. Sus permanentes ojos alucinados y sus no-cejas nos han estado torturando desde entonces. Ben ha pasado durante este tiempo de la práctica omnipotencia a ser un apátrida sólo guiado por su bien particular. Es la persona más mezquina de la isla, y por eso no le ha ido mal. O no tan mal, teniendo en cuenta que al pobre le pegan capítulo sí capítulo no. Pero siempre se recupera.

Está acostumbrado a tener el poder, y a ejercerlo de manera despótica. Aunque en las distancias cortas siempre se ha mostrado cobarde e inseguro. Sigue siendo ese niño pardillo que llegó a la isla con la iniciativa Dharma. Últimamente le habíamos extrañado mucho: en la secta temporada se había dedicado a seguir al grupillo de losties soltando de vez en cuando un comentario chistoso. Pero en ‘What they died for’ volvió Ben más Linus que nunca: matando, traicionando, engañando. En definitiva, sobreviviendo.

Y, en el fondo, todos sabemos que Ben es una buena persona. Lo ha demostrado en los sideflashes: el Dr. Linus es un hombre íntegro, admirable, dispuesto a ayudar a Álex y a Locke en todo. Ben, en cambio, es lo que la Isla ha dejado de ese hombre. Espero sinceramente que en el último episodio se redima, porque lo necesita. Lo necesita desde el momento en que, como siempre, creía tener el control. Pero algo falló:

Tengo la sensación de que Benjamin acabará salvando el día en algún momento de ‘The End’, pero eso no lo sabremos hasta las 6.30. Sé que acabará del lado de los buenos, porque se lo debe a Jacob, a Locke (a quienes mató), se lo debe a Álex y, sobre todo, al Dr. Linus.

Este artículo, publicado en este portal, es un primer acercamiento a The End, el último episodio de LOST. Con el segundo visionado, reharé la crítica y será, con toda seguridad, más acertada y completa.

El final ha llegado. Después de seis años siguiendo las aventuras y desventuras de unos personajes que se han convertido en parte del imaginario colectivo del siglo XXI, todo ha acabado. Como era de esperar, el último episodio de LOST ha desatado pasiones y sentimientos encontrados. Si hay algún sentimiento que prima entre los fans, es la tibieza, la frialdad incluso (que puede ser más perjudicial que el honesto enfado). Se esperaba mucho de la series finalede la serie de JJ Abrams, ¿ha estado a la altura?

Rotundamente no. El doble capítulo 6×17 y 6×18 ‘The End’ puede que sea un buen episodio, pero no es el gran episodio que una serie como LOST debe ofrecer para congraciarse con sus millones de fans y otorgarles unos momentos inolvidables. CuseLindelof tenían todas las herramientas para guiar al espectador por un camino emocionante. Han demostrado que saben hacerlo, sobre todo en el 6×14 ‘The candidate‘. Y parecía que con ‘What They died for‘ (6×16), antesala del gran final, iban a conseguirlo. Pero no ha sido así.

Los fans comprendemos (con reservas) que los guionistas no hayan tenido tiempo para responder las cientos de preguntas que se han ido acumulado en las seis temporadas, y tampoco esperábamos un discurso enciclopédico sobre el origen, presente y futuro de la isla. Pero hemos echado en falta un par de respuestas firmes en las que poder apoyarnos para interpretar todo lo demás. La conversación entre Jacksu padre en la iglesia, la parte más aclaradora del episodio, ha concedido una respuesta vaga que nos explica la realidad paralela. ¿Pero dónde está esa realidad donde todos han muerto? ¿Es una alucinación de Jack? ¿Es un ciclo espacio-tiempo diferenciado? ¿Es una especie de purgatorio?

Y en la isla, la vida continúa. Es un gran acierto que el nuevo protector sea Hugo, esa representación de todos los fans dentro de la serie: el legado de LOST es todo nuestro, y nosotros continuaremos protegiendo la isla. Jack se sacrifica para salvarlos a todos, cumpliendo con el destino que tenía desde el primer capítulo, y que ha ido descubriendo a lo largo de la serie. El cierre circular de LOST, aunque quizá sea un recurso barato para una serie de estas condiciones, ha resultado efectivo. Sobre todo, la aparición de Vincent. Aunque es triste que un perro nos haya emocionado más que todos los personajes humanos.

Aventurándonos a arrojar una opinión totalizadora antes del necesario segundo visionado (y más después de la deficiente emisión de Cuatro), creemos que a ‘The end’ le ha faltado épica. Era muy fácil conseguir que los seguidores lloráramos desconsolados ante el final de una serie que se ha convertido en parte de nuestra vida. Han desaprovechado una oportunidad irrepetible de hacer historia de la televisión. Esto a un nivel puramente discursivo: hace mucho que renunciamos a entender el universo lostiano. Nos parece una opción legítima. No tienen porqué explicarnos la lógica de un mundo que no es el nuestro, porque desde el primer momento se han limitado a contarnos una historia que sucede en ese mundo. Pero sí necesitábamos los cimientos de la estructura de la narración, y nos hemos encontrado con un espacio confuso de interacciones que no podemos entender.

Los anales televisivos recordarán el final de Six feet under con emoción, el final de The Sopranos con furia, el final de Friends con tristeza. Pero el final de LOST ha causado más tibieza que otra cosa. ¿Será recordado?

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.